09-08-2007, 02:40 PM
...Vispera de Resplandores...
Si fuera un redactor de una columna de cualquier revista musical la frase imprescindible para describir este tema sería “Rock en estado puro”. ¿Típica? Si, es posible, pero no sería una mala calificación, es la realidad. Es más, quizás no existe etiqueta o subgénero capaz de describir este ritmo particular de guitarra y batería mejor que “rock”, un término por otra parte muy general. Si alguien te pregunta ¿Qué es el rock exactamente? No es necesario que malgastes una gota de saliva, ni una palabra, pulsa el play, esta canción basta, habla por si misma. Personalmente creo que esta letra y el propio sonido heroico que acompaña a la siempre inconfundible voz de Bunbury, no nos aportan nada nuevo, pero vigorizan una vez más su estilo y su manera de crear canciones persistentes con significado extenso y personalidad. Se denotan sus inicios inocentes, de mentes solitarias, introvertidas, desconcertadas; se revisan las sendas iniciadas por traición al pasado; quedan rastros de un espíritu del vino, del placer y la armonía de los sentidos; se reivindica el cuerpo y la mente del oyente a modo de avalancha sensorial. Cómo los ideales personales se entrelazan con los colectivos y la filosofía individual destruye y construye el mundo. Una armonía de voz y cuerdas elaborada para disfrutar una y otra vez, sin que aparezca en ningún momento el cansancio. Una lección de cómo se pueden contar tantas ideas y provocar sensaciones en tan poco espacio de tiempo y cómo el efecto de la música resuena como un eco por nuestra mente y cuerpo. Un día más escuchamos Héroes del Silencio, un día más aspiramos, inhalamos como si fuese un ritual, el humo de la poesía y “el rock en estado puro”.

al inocente lo linchan
al son de la calumnia.
en la odisea del rencor
el gran inquisidor
y el hombre guarecido,
el hombre guarecido.
en el leal, leal cobijo
de la soledad.
Los primeros versos se nos presentan como un teatro. Tres personajes y una acción, dos maneras de entender la vida y un hecho social que debe cambiar. Bunbury acude a términos bastante inspiradores para describir a los tres protagonistas. Primero, “el gran inquisidor”, símbolo de poder y ambición, de censura, de costumbrismo y malos hábitos, seres conservadores con miedo al cambio, aquel que se guía por la inercia, que no escucha razones pero grita y vitorea las suyas, que impone y no cede, personaje agresivo y draconiano. Segundo, “el hombre guarecido”, temeroso, solitario, neutral. No habla, pero tampoco escucha, se diferencia con el primero en su carencia de ideales propios, de preocupación por el mundo, no acusa, ve pero calla, calla demasiado, la ausencia de intercambio de ideales, de manifestación de sentimientos, le convierte en un ser inseguro, atascado, sin futuro, ve pero calla, y nuevamente demasiado… Tercero, y no menos importante, el inocente, quizás el personaje menos definido ya que parte de cero, que crea sus ideas a partir de la nada, que anda por el mundo sin miedo, sin resentimientos, sin temor a equivocarse, construyendo su camino por medio de la inocencia y la ilusión, es posible que represente el progreso pero también puede que represente simplemente al ingenuo que cae a las trampas y engaños de los otros, y qué injustamente, es castigado. Existe una confrontación entre estos personajes “tipo” que describen actitudes generales de los miembros de la sociedad: El gran inquisidor acusa por medio de falsedades y ambigüedades al inocente de su propia identidad, interrumpe violentamente en la vida de este, impidiéndole seguir su propio camino. Mientras, el hombre guarecido, enmudece y se convierte en cómplice de la burla. En definitiva, es un símil de la sociedad atascada en el pasado, con miedo al progreso y las dos reacciones representativas del conservador/costumbrista, acusan (calumnian) o callan. Además simbolizan la injusticia del mundo y por lo tanto del sistema que lo rige.
la corona se prende
después de la victoria.
esa no será la historia
de mi generación.
Un aviso, desde la posición de observador. La victoria del pasado sobre el futuro no está decidida. La competitividad no es el camino a seguir pero la victoria del conservador sobre el cambio debe ser anulada. No volverá a pasar. Necesitamos un cambio de papeles, queremos que nuestros ojos no tengan que torturarse al ver como la injusticia se abre paso, como el poder, el dinero y la corrupción de hombres se coronan como mandatarios del mundo. Esta generación, la de la juventud y el deseo de vivir, del respeto y la igualdad, de la libertad y deseos de acabar con la opresión y esclavitud del poder. Mi generación, el principio del fin, algo está cambiando. Convocatoria a los jóvenes, a los de edad temprana pero también a los de espíritu. El teatro debe terminar.
el placer es un abismo,
el orgasmo un alivio
contra las farsas,
farsas de control
de la gente mayor.
Un grito a favor del hedonismo libre por encima de las costumbres y reglas impuestas por nuestros antepasados, vivir, simplemente por y para el placer. Hay que distinguir los diferentes estatus o significados de la palabra placer, Bunbury siempre ha tenido cuidado en hablar sobre los excesos, el significado verdadero del placer que quieren dar Héroes no es más que la aceptación de los deseos humanos y su realización sin tapujos. Me explico, el placer no es aquel que desborda nuestro interior y nos encadena a un hábito, que no es otra cosa que el mal tejido de la costumbre, el placer puro puede estar en la evasión hacia un mundo de fantasía, una cerveza fresa en una terraza o un beso sincero después de un orgasmo. Es la indagación y descubrimiento del mundo lo que nos hace humanos, seres racionales, utilizar la racionalización en otros medios es una herramienta para controlar o para conseguir influencias, se alienta al placer por el placer. Por otra parte, la gente mayor se empeña en forjarnos el camino, encadenarnos a su historia, a las tradiciones que se han hecho siempre, a romper con la sorpresa. Debemos reprimir este deseo continuista, vano, fácil. El placer de guiarnos por instinto. Hay que vivir sin prejuicios, dejarlos en el rincón más olvidado del diccionario. La mentira y las pretensiones nos alejan de la verdadera felicidad. Aquel que usa la palabra, la retórica y la supuesta ley moral no es merecedor de nuestra atención. Renunciar a la ley que pretende controlar nuestros actos es un síntoma de libertad. Se trata de guiarnos por sendas que creemos nosotros y no vengan impuestas.
cuando el futuro es improbable
cuando pensar no es suficiente
y cuando aquello que en teoría
no puede
haya sucedido ...
La incertidumbre acerca de los tiempos que vendrán siempre nos acecha, en algún momento nos mostramos inseguros de nuestras decisiones y miramos hacia atrás con desesperación, damos vueltas y más vueltas a las ideas, a los hechos y las ilusiones. Pero cuando hablamos de grandes empresas, de conseguir hitos o proezas como el cambio en la sensibilidad por la Tierra, en profundizar sobre el comportamiento de las personas y hablar de moralidad o pasiones enfocadas a la reestructuración del mundo… Puede que nunca se consiguiera algo parecido en el pasado, no hay precedentes, la situación empeora ya que nada más partir, el viento sopla en contra, fuerte, sin cesar en su empeño de hacernos caer. No es probable que lo consigamos, más aún cuando se incrementan las voces en contra, cuando nada avanza, cuando las ideas no son suficientes y la teórica y práctica no se complementan como deberían. Momentos de desilusión y pérdida de certezas, el camino se bifurca en mil sentidos y perdemos el rumbo, momentáneamente. Miedo.
como si aquel instante
fuera a ser el primero
del resto de sus vidas
días de borrasca
víspera de resplandores.
El albor de una nueva era. Fuego. Es la llama de la esperanza, el calor que siempre enciende nuestra luz interior. La utopía se convierte en sueño, las quimeras en ideales y la ilusión en fantasías. Se paraliza el tiempo. Solo concibiendo el mundo como algo potencialmente bueno se puede progresar, se puede comenzar de nuevo, viviendo los malos momentos como preludios de una buena temporada, una que se quede para siempre en nuestras vidas.
Si fuera un redactor de una columna de cualquier revista musical la frase imprescindible para describir este tema sería “Rock en estado puro”. ¿Típica? Si, es posible, pero no sería una mala calificación, es la realidad. Es más, quizás no existe etiqueta o subgénero capaz de describir este ritmo particular de guitarra y batería mejor que “rock”, un término por otra parte muy general. Si alguien te pregunta ¿Qué es el rock exactamente? No es necesario que malgastes una gota de saliva, ni una palabra, pulsa el play, esta canción basta, habla por si misma. Personalmente creo que esta letra y el propio sonido heroico que acompaña a la siempre inconfundible voz de Bunbury, no nos aportan nada nuevo, pero vigorizan una vez más su estilo y su manera de crear canciones persistentes con significado extenso y personalidad. Se denotan sus inicios inocentes, de mentes solitarias, introvertidas, desconcertadas; se revisan las sendas iniciadas por traición al pasado; quedan rastros de un espíritu del vino, del placer y la armonía de los sentidos; se reivindica el cuerpo y la mente del oyente a modo de avalancha sensorial. Cómo los ideales personales se entrelazan con los colectivos y la filosofía individual destruye y construye el mundo. Una armonía de voz y cuerdas elaborada para disfrutar una y otra vez, sin que aparezca en ningún momento el cansancio. Una lección de cómo se pueden contar tantas ideas y provocar sensaciones en tan poco espacio de tiempo y cómo el efecto de la música resuena como un eco por nuestra mente y cuerpo. Un día más escuchamos Héroes del Silencio, un día más aspiramos, inhalamos como si fuese un ritual, el humo de la poesía y “el rock en estado puro”.

al inocente lo linchan
al son de la calumnia.
en la odisea del rencor
el gran inquisidor
y el hombre guarecido,
el hombre guarecido.
en el leal, leal cobijo
de la soledad.
Los primeros versos se nos presentan como un teatro. Tres personajes y una acción, dos maneras de entender la vida y un hecho social que debe cambiar. Bunbury acude a términos bastante inspiradores para describir a los tres protagonistas. Primero, “el gran inquisidor”, símbolo de poder y ambición, de censura, de costumbrismo y malos hábitos, seres conservadores con miedo al cambio, aquel que se guía por la inercia, que no escucha razones pero grita y vitorea las suyas, que impone y no cede, personaje agresivo y draconiano. Segundo, “el hombre guarecido”, temeroso, solitario, neutral. No habla, pero tampoco escucha, se diferencia con el primero en su carencia de ideales propios, de preocupación por el mundo, no acusa, ve pero calla, calla demasiado, la ausencia de intercambio de ideales, de manifestación de sentimientos, le convierte en un ser inseguro, atascado, sin futuro, ve pero calla, y nuevamente demasiado… Tercero, y no menos importante, el inocente, quizás el personaje menos definido ya que parte de cero, que crea sus ideas a partir de la nada, que anda por el mundo sin miedo, sin resentimientos, sin temor a equivocarse, construyendo su camino por medio de la inocencia y la ilusión, es posible que represente el progreso pero también puede que represente simplemente al ingenuo que cae a las trampas y engaños de los otros, y qué injustamente, es castigado. Existe una confrontación entre estos personajes “tipo” que describen actitudes generales de los miembros de la sociedad: El gran inquisidor acusa por medio de falsedades y ambigüedades al inocente de su propia identidad, interrumpe violentamente en la vida de este, impidiéndole seguir su propio camino. Mientras, el hombre guarecido, enmudece y se convierte en cómplice de la burla. En definitiva, es un símil de la sociedad atascada en el pasado, con miedo al progreso y las dos reacciones representativas del conservador/costumbrista, acusan (calumnian) o callan. Además simbolizan la injusticia del mundo y por lo tanto del sistema que lo rige.
la corona se prende
después de la victoria.
esa no será la historia
de mi generación.
Un aviso, desde la posición de observador. La victoria del pasado sobre el futuro no está decidida. La competitividad no es el camino a seguir pero la victoria del conservador sobre el cambio debe ser anulada. No volverá a pasar. Necesitamos un cambio de papeles, queremos que nuestros ojos no tengan que torturarse al ver como la injusticia se abre paso, como el poder, el dinero y la corrupción de hombres se coronan como mandatarios del mundo. Esta generación, la de la juventud y el deseo de vivir, del respeto y la igualdad, de la libertad y deseos de acabar con la opresión y esclavitud del poder. Mi generación, el principio del fin, algo está cambiando. Convocatoria a los jóvenes, a los de edad temprana pero también a los de espíritu. El teatro debe terminar.
el placer es un abismo,
el orgasmo un alivio
contra las farsas,
farsas de control
de la gente mayor.
Un grito a favor del hedonismo libre por encima de las costumbres y reglas impuestas por nuestros antepasados, vivir, simplemente por y para el placer. Hay que distinguir los diferentes estatus o significados de la palabra placer, Bunbury siempre ha tenido cuidado en hablar sobre los excesos, el significado verdadero del placer que quieren dar Héroes no es más que la aceptación de los deseos humanos y su realización sin tapujos. Me explico, el placer no es aquel que desborda nuestro interior y nos encadena a un hábito, que no es otra cosa que el mal tejido de la costumbre, el placer puro puede estar en la evasión hacia un mundo de fantasía, una cerveza fresa en una terraza o un beso sincero después de un orgasmo. Es la indagación y descubrimiento del mundo lo que nos hace humanos, seres racionales, utilizar la racionalización en otros medios es una herramienta para controlar o para conseguir influencias, se alienta al placer por el placer. Por otra parte, la gente mayor se empeña en forjarnos el camino, encadenarnos a su historia, a las tradiciones que se han hecho siempre, a romper con la sorpresa. Debemos reprimir este deseo continuista, vano, fácil. El placer de guiarnos por instinto. Hay que vivir sin prejuicios, dejarlos en el rincón más olvidado del diccionario. La mentira y las pretensiones nos alejan de la verdadera felicidad. Aquel que usa la palabra, la retórica y la supuesta ley moral no es merecedor de nuestra atención. Renunciar a la ley que pretende controlar nuestros actos es un síntoma de libertad. Se trata de guiarnos por sendas que creemos nosotros y no vengan impuestas.
cuando el futuro es improbable
cuando pensar no es suficiente
y cuando aquello que en teoría
no puede
haya sucedido ...
La incertidumbre acerca de los tiempos que vendrán siempre nos acecha, en algún momento nos mostramos inseguros de nuestras decisiones y miramos hacia atrás con desesperación, damos vueltas y más vueltas a las ideas, a los hechos y las ilusiones. Pero cuando hablamos de grandes empresas, de conseguir hitos o proezas como el cambio en la sensibilidad por la Tierra, en profundizar sobre el comportamiento de las personas y hablar de moralidad o pasiones enfocadas a la reestructuración del mundo… Puede que nunca se consiguiera algo parecido en el pasado, no hay precedentes, la situación empeora ya que nada más partir, el viento sopla en contra, fuerte, sin cesar en su empeño de hacernos caer. No es probable que lo consigamos, más aún cuando se incrementan las voces en contra, cuando nada avanza, cuando las ideas no son suficientes y la teórica y práctica no se complementan como deberían. Momentos de desilusión y pérdida de certezas, el camino se bifurca en mil sentidos y perdemos el rumbo, momentáneamente. Miedo.
como si aquel instante
fuera a ser el primero
del resto de sus vidas
días de borrasca
víspera de resplandores.
El albor de una nueva era. Fuego. Es la llama de la esperanza, el calor que siempre enciende nuestra luz interior. La utopía se convierte en sueño, las quimeras en ideales y la ilusión en fantasías. Se paraliza el tiempo. Solo concibiendo el mundo como algo potencialmente bueno se puede progresar, se puede comenzar de nuevo, viviendo los malos momentos como preludios de una buena temporada, una que se quede para siempre en nuestras vidas.
