21-10-2007, 02:44 PM
(Editado, como dice Hanyon, aquí, no viene a cuento: mea culpa).
Carta al Director en La Razón:
Héroes del Silencio
José María Duque /Cuenca
Quizás el tiempo no esté para versos. Me da igual. Voy a hablar como a mí me enseñaron. De lo bueno, de lo hermoso, de lo grande, de lo limpio que este mundo nos regala sin preguntarnos color, ni causa. Ahí voy. Estuve el 12 de Octubre en Zaragoza. Allí tocaron. La luna bajó del cielo, se entretuvo jugando, nos dio mil besos. La maravilla. La potencia, el rock puro y salvaje. Así, fuerte y flojo, como se domestica a la aurora. Como niños insaciables bajo la lluvia de agosto, rotando en el horizonte para volverlo una alfombra. Como las pestañas de tu amada, si la tuviste. Allí se fundió el tiempo y fuimos por 3 horas, cercanos y lejanos, idiotas y mezquinos, torcidos o recios. Qué más da. Acurrucado en el ensueño, se me olvidó que soy casi un viejo. Y va para ellos, Enrique Bunbury y Juan Valdivia, y para sus compadres. ¿Qué más muestras de cariño, de sinceridad, de amor necesitan para seguir haciendo esto? ¿Acaso el orgullo va a poder con tanta grandeza?. Tienen un tesoro. Ojalá olviden el mundo y sus mentiras. Y nos den otros 30 conciertos. Al menos.
Carta al Director en La Razón:
Héroes del Silencio
José María Duque /Cuenca
Quizás el tiempo no esté para versos. Me da igual. Voy a hablar como a mí me enseñaron. De lo bueno, de lo hermoso, de lo grande, de lo limpio que este mundo nos regala sin preguntarnos color, ni causa. Ahí voy. Estuve el 12 de Octubre en Zaragoza. Allí tocaron. La luna bajó del cielo, se entretuvo jugando, nos dio mil besos. La maravilla. La potencia, el rock puro y salvaje. Así, fuerte y flojo, como se domestica a la aurora. Como niños insaciables bajo la lluvia de agosto, rotando en el horizonte para volverlo una alfombra. Como las pestañas de tu amada, si la tuviste. Allí se fundió el tiempo y fuimos por 3 horas, cercanos y lejanos, idiotas y mezquinos, torcidos o recios. Qué más da. Acurrucado en el ensueño, se me olvidó que soy casi un viejo. Y va para ellos, Enrique Bunbury y Juan Valdivia, y para sus compadres. ¿Qué más muestras de cariño, de sinceridad, de amor necesitan para seguir haciendo esto? ¿Acaso el orgullo va a poder con tanta grandeza?. Tienen un tesoro. Ojalá olviden el mundo y sus mentiras. Y nos den otros 30 conciertos. Al menos.
