Dejo aquí mi humilde crónica del concierto de ayer en Valencia, también publicada en mi blog
http://cuentosflotantes.blogspot.com.
Mi solidaridad con todos los que no consiguieron entrar.
¿Estáis preparados para la Avalancha?
Avalanchaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
Así presentaba Enrique una de las canciones más emblemáticas de la banda (¿no lo son casi todas?), pero muchos de los que allí estábamos no estábamos preparados. Lo que montó en Cheste ayer sábado 27 de octubre de 2007 durante el último concierto de la gira de Héroes del Silencio tras 11 años de separación, fue más que increíble.
LLegar fue toda una odisea, la verdadera avalancha se encontraba en la carretera: 20 km de retención, desde Valencia a Cheste, más todo lo que habría por otras vías de acceso.
Más de 2 horas prácticamente detenidos en la autovía hicieron que cuando llegábamos al circuito y 20 minutos después de la hora prevista, el concierto diera comienzo.
Impotencia y rabia nos inundaban, ya que todavía teníamos que llegar, aparcar y conseguir entrada. La cosa fue a peor, ya que
NO PUDIMOS ENTRAR AL RECINTO CON EL COCHE:
Yo: ¿Que nos están desviando a otro aparcamiento?
Guardia Civil: No, esto es la salida del circuito, no hay aparamiento
Yo: ¿Pero entonces?
Guardia Civil: No sé, no hay sitio
Mientras salíamos de nuevo a la autovía y pasábamos de largo el escenario que se veía a lo lejos mientras sonaba alguna canción conocida. ¿Cómo que no hay sitio para dejar el coche?
Dos kilómetros más adelante había otra salida. Sin pensarlo dejamos el coche en la cuneta, bajamos y, junto con otros desesperados,
andamos por el arcén de la autovía, de noche, durante dos kilómetros hasta volver a la entrada del circuito (hola señor guardia civil, gracias por su ayuda) y corrimos hacia las taquillas (otro kilometrillo más).
Finalmente y tras casi haber perdido la esperanza de entrar, llegamos, y, aunque nos perdimos una hora de concierto, y el resto lo vimos detrás de 50.000 personas (las otras 30.000 seguirían en la carretera), valió la pena.
Nunca he visto nada tan increíble: la gente vibraba, Bunbury y los suyos lo daban todo, el espectáculo visual acompañaba cada canción con símbolos, cuadros barrocos, o imágenes del escenario que nos ayudaban a ver un poco de cerca aquel espejismo que era el escenario, ubicado a dios-sabe-cuanta-distancia de nosotros.
El sonido era impecable y las canciones se deslizaban por los labios de Enrique como notas perfectas. La chispa adecuada hizo que el público se convirtiera en un cielo estrellado gracias a mecheros y móviles encendidos (petición del Héroe Mayor).
Una experiencia irrepetible. No pude ver mucho, como se podrá imaginar, pero lo sentí todo de manera muy intensa, dándome cuenta que
allí estaba pasando algo grande, y yo estaba formando parte de ello.
La sensación al terminar fue agridulce. Por un lado, la recompensa de un duro viaje y la satisfacción de haber estado allí. Por otro, la amargura de haber perdido parte del premio y, sobre todo, pensar cuántas miles de personas se habrían quedado fuera por la incompetencia de la organización.
No sé si Héroes fueron conscientes de la que se armó, pero espero que esto no se quede así y los organizadores puedan hacerse cargo de lo triste que fue ayer uno de los días más emocionantes de su vida para otros.