30-10-2007, 06:33 PM
Pido perdón de antemano a los moderadores si este tema no es correcto que vaya aquí. Que ellos corrijan mi imprudencia, si la hay.
Supongo que muchos de nosotros en esta gira hemos echado de menos a personas que ya no están y, por lo tanto, no pudieron disfrutar de sus admirados Héroes del Silencio. Aquí va mi particular tributo a quien me acompañó en esa Gira de la Avalancha.
Una cita y un adiós ocurrieron el pasado 20 de octubre. El día fijado en mi calendario en el que alcanzaría la gloria efímera. Ese día era en el que iba a ver tras once años a unos héroes que, desde hace tiempo, se habían diluido en mis esperanzas: nunca más volvería a verles. Sin embargo, el milagro llegó y eso que Bunbury no cree en los milagros. Tras presenciar lo de Sevilla, yo sí.
Fuimos, tuvimos una cita con una vieja amiga, reímos, bailamos, cantamos, lloramos, vibramos, alucinábamos, saltábamos, llamábamos a los móviles que apostados nos esperaban en la distancia (sobre todo para Eduardo, gracias Héroe) Y la memorable noche del 20 se hizo realidad. Esta vez, a diferencia de la primera y última ocasión que vi a Héroes del Silencio (23 de junio de 1996 en Córdoba) acompañado de mi novia, mi compañera y la esencia de mi vida. Esa persona que hace días firmó en este blog con el título “Inefable” su propia confesión de la grandeza que había presenciado. A partir de aquella noche, pasó de ser alguien que disfrutaba con la música de Héroes, a ser alguien que la siente en sus entrañas. Y más aún. Gracias MSierra.
Pero esa noche, la del regreso y la de las presencias, era también la de la ausencia. El día de mi confirmación como fan de Héroes, que tuvo lugar, como decía anteriormente, el 23 de junio de 1996 en Córdoba, estaba acompañado de un amigo, amigo de infancia, de veraneos, amigo de inquietudes ecológicas, amigo a secas. Los héroes han estado tanto tiempo ausentes, que, como ya he podido leer en este blog, han sido varias personas las que en este tiempo se han visto apeadas de la vida y nos dejaron con un adiós. La compañía de aquel concierto de la gira Avalancha también se me fue el pasado mes de agosto, cuando su alma rockera de veintisiete años (porque él era de los que siempre apostaron por el rocanrol) no pudo más ante la dureza y la crudeza de la vida en su cara más injusta y amarga.
Recuerdo que antes del fatal desenlace lo vi y hablamos del regreso de nuestros Héroes. Habíamos pactado vernos en su regreso, pues sin saberlo, tanto él como yo nos hicimos con anterioridad con las entradas para Sevilla. Sin embargo esa cita no llegaría y el pasado agosto se firmó su cancelación. La noche en la que recibí la noticia de su muerte, encendí el equipo de música y en soledad escuché “Deshacer el mundo”, en memoria de la primera canción que habíamos escuchado en directo viendo a nuestros Héroes del Silencio en el Vistalegre de Córdoba.
Ahora, que la gira del nuevo milenio toca a su fin, deseo que los cuatro héroes hayan disfrutado lo más grande y que sus heridas hayan cicatrizado con tanta fuerza que ya no es posible que vuelvan a abrirse. Sólo nos queda la esperanza de que en alguna ocasión más reaparezcan. Sin prisa pero sin pausa. No es necesario el ritmo insostenible de gira-concierto-gira-concierto que los abocó a la ruptura; solamente que de vez en cuando se acuerden de nosotros, y de ellos mismos, para seguir arrasando en los escenarios y demostrar que son los más grandes.
Nosotros los fans, no queremos vernos como ese jinete de José Alfredo Jiménez y que tan bien versiona Bunbury, que cabalgaba sin cesar, en su particular viaje a ninguna parte, porque había perdido a su amor y pedía a cada instante que se lo llevaran con ella. Nosotros no queremos envejecer en la vida sabiendo que ya no tenemos la oportunidad de veros encima de un escenario. Volved, cuando sea, pero volved.
Gracias Héroes
Supongo que muchos de nosotros en esta gira hemos echado de menos a personas que ya no están y, por lo tanto, no pudieron disfrutar de sus admirados Héroes del Silencio. Aquí va mi particular tributo a quien me acompañó en esa Gira de la Avalancha.
Una cita y un adiós ocurrieron el pasado 20 de octubre. El día fijado en mi calendario en el que alcanzaría la gloria efímera. Ese día era en el que iba a ver tras once años a unos héroes que, desde hace tiempo, se habían diluido en mis esperanzas: nunca más volvería a verles. Sin embargo, el milagro llegó y eso que Bunbury no cree en los milagros. Tras presenciar lo de Sevilla, yo sí.
Fuimos, tuvimos una cita con una vieja amiga, reímos, bailamos, cantamos, lloramos, vibramos, alucinábamos, saltábamos, llamábamos a los móviles que apostados nos esperaban en la distancia (sobre todo para Eduardo, gracias Héroe) Y la memorable noche del 20 se hizo realidad. Esta vez, a diferencia de la primera y última ocasión que vi a Héroes del Silencio (23 de junio de 1996 en Córdoba) acompañado de mi novia, mi compañera y la esencia de mi vida. Esa persona que hace días firmó en este blog con el título “Inefable” su propia confesión de la grandeza que había presenciado. A partir de aquella noche, pasó de ser alguien que disfrutaba con la música de Héroes, a ser alguien que la siente en sus entrañas. Y más aún. Gracias MSierra.
Pero esa noche, la del regreso y la de las presencias, era también la de la ausencia. El día de mi confirmación como fan de Héroes, que tuvo lugar, como decía anteriormente, el 23 de junio de 1996 en Córdoba, estaba acompañado de un amigo, amigo de infancia, de veraneos, amigo de inquietudes ecológicas, amigo a secas. Los héroes han estado tanto tiempo ausentes, que, como ya he podido leer en este blog, han sido varias personas las que en este tiempo se han visto apeadas de la vida y nos dejaron con un adiós. La compañía de aquel concierto de la gira Avalancha también se me fue el pasado mes de agosto, cuando su alma rockera de veintisiete años (porque él era de los que siempre apostaron por el rocanrol) no pudo más ante la dureza y la crudeza de la vida en su cara más injusta y amarga.
Recuerdo que antes del fatal desenlace lo vi y hablamos del regreso de nuestros Héroes. Habíamos pactado vernos en su regreso, pues sin saberlo, tanto él como yo nos hicimos con anterioridad con las entradas para Sevilla. Sin embargo esa cita no llegaría y el pasado agosto se firmó su cancelación. La noche en la que recibí la noticia de su muerte, encendí el equipo de música y en soledad escuché “Deshacer el mundo”, en memoria de la primera canción que habíamos escuchado en directo viendo a nuestros Héroes del Silencio en el Vistalegre de Córdoba.
Ahora, que la gira del nuevo milenio toca a su fin, deseo que los cuatro héroes hayan disfrutado lo más grande y que sus heridas hayan cicatrizado con tanta fuerza que ya no es posible que vuelvan a abrirse. Sólo nos queda la esperanza de que en alguna ocasión más reaparezcan. Sin prisa pero sin pausa. No es necesario el ritmo insostenible de gira-concierto-gira-concierto que los abocó a la ruptura; solamente que de vez en cuando se acuerden de nosotros, y de ellos mismos, para seguir arrasando en los escenarios y demostrar que son los más grandes.
Nosotros los fans, no queremos vernos como ese jinete de José Alfredo Jiménez y que tan bien versiona Bunbury, que cabalgaba sin cesar, en su particular viaje a ninguna parte, porque había perdido a su amor y pedía a cada instante que se lo llevaran con ella. Nosotros no queremos envejecer en la vida sabiendo que ya no tenemos la oportunidad de veros encima de un escenario. Volved, cuando sea, pero volved.
Gracias Héroes