03-11-2007, 02:56 AM
Qué curioso un día mandara a los periódicos unas cuantas cartas al director, y hoy mi hermano me diga, niño, que tienen tu carta en el foro de los Héroes. Bueno la carta entera era así:
EL REGRESO DE LOS HÉROES DEL SILENCIO.
Quizás el tiempo no esté para versos. En la amarga realidad del periodismo escrito, con muertos nos contentamos. Me da igual. Voy a hablar como a mí me enseñaron. De lo bueno, de lo hermoso, de lo grande, de lo limpio que este mundo nos regala sin preguntarnos color, ni causa, ni fuste. Ahí voy. Estuve el 12 de octubre en Zaragoza. Allí tocaron. Allí tocaron. La luna bajó del cielo, se entretuvo jugando, nos dio mil besos. La maravilla. La esfera griega, la Cábala, la locura cristiana, los dados de Babilonia. La potencia, el rock puro y salvaje, la lujuria. La ambigua, y recóndita, Fortuna nos echó su cántaro por las costillas y nos hizo densos y graves, como de niño, me hizo la poesía. Así, fuerte y flojo, como se domestica a la aurora. Como niños insaciables bajo la lluvia de agosto, rotando en el horizonte para volverlo una alfombra. Como las pestañas de tu amada, si la tuviste. Allí se fundió el tiempo y fuimos por 3 horas, cercanos y lejanos, idiotas y mezquinos, torcidos o recios. Qué más da. Acurrucado en el ensueño, se me olvidó que yo casi un viejo. Y Después, la noche profunda se tragó todo aquello, y su reflejo es mi palabra con la que labro en cuneiforme lo sagrado.
Y va para ustedes, Enrique Bunbury y Juan Valdivia, y para sus compadres. ¿Qué más muestras de cariño, de sinceridad, de amor necesitáis para seguir haciendo esto, que es tan acojonante? ¿Acaso el orgullo va a poder con la tanta grandeza? Dionisos os tocó en el ala. Joder, eso no nos pasa casi nunca. A nadie. Haceros. Haceros. Enfriaros. Tenéis un tesoro. Tumbaros. Iros unos días a México. Hablar con Quezalcoalt. Con quien sea. Olvidar el mundo y sus mentiras. Y darnos, darnos otros 30 conciertos, al menos.
José María Duque López. 04576989-N
C/ Mercedes escribano nº 29, 6º C
16003 Cuenca
Y, así mismo, me gustaría saber cómo esto ha llegado tan lejos sin saberlo. Por si no lo sabéis en los periódicos hay censura previa.
Un beso a todos y a todas, que tenemos los huevos de hierro para seguir cantando esas letras mágicas al arrullo del heavy metal. Y que le den por culo al mundo de las discográficas. Yo fui a verlos a ellos. Y como yo, otros tantos. Vi hermosas muchachas, más hermosas que nunca, a la poca luz de la Romareda. Vi a los chavales peleando por la última palabra del estribillo. A gente de 30, de 40, de 15. Esto, vuelvo a repetir, no ocurre casi nunca. Por eso es tan potente. Yo he visto a los Judas Priest en el Calderón, a Metállica en Vallecas, a mi padre Ozzy y su voz de ginebra seca, no se donde. A los eisi en las Ventas. A los Ramones, for ever, cuando eran todavía cuatro. A los Eskorbuto cuando les quedaban 4 meses y seguían sin querer bajarse de su borrico, que era suyo. A los Motorhead más salvajes que no querían irse, ni a tiros, de Madrid. A los Manowar. A Jimi Page y Robert Plant, sin voz pero con millones de vatios. A los Saxon, de los que nadie se acuerda. A los Wasp corrosivos y enteros (esos días, al menos uno). A los Guns and Roses, cuando el Apetite for destruccion. A Placebo, 3 niñatos maricas que tocan que te acojonan. A los Ramstein en Móstoles, cuando Festimad, con Mother. Y daba gusto verlos.
Pero, queridos amigos, Bunbury, es ahora mismo el dios del rock. Y aunque Valdivia esté manco, es mucho Valdivia. Sin discusión. No hay un directo tan poderoso como el que hacen estos cabrones. Ni en Los Ángeles, ni en Londres, ni en Pekín. Así de claro. Por eso, esta maravilla no se puede perder. Y no os líeis con los debates de si uno gana dinero o no. Ir allí, verlos, coger a una tia y follárosla (Bunbury las pone cachondísimas (Y también a los tíos, pero eso a mí eso me da lo mismo). Y disfrutar, copón. Dejaros de líos. Y, a ver si entre todos, conseguimos doblegar la voluntad de ese ser magnífico y difícil, que se llama Enrique Bunbury; cuyos directos, por cierto, en estos diez años han sido sencillamente impresionantes.
Un saludo. Josemari
José María Duque López. 04576989-N
C/ Mercedes escribano nº 29, 6º C
16003 Cuenca
EL REGRESO DE LOS HÉROES DEL SILENCIO.
Quizás el tiempo no esté para versos. En la amarga realidad del periodismo escrito, con muertos nos contentamos. Me da igual. Voy a hablar como a mí me enseñaron. De lo bueno, de lo hermoso, de lo grande, de lo limpio que este mundo nos regala sin preguntarnos color, ni causa, ni fuste. Ahí voy. Estuve el 12 de octubre en Zaragoza. Allí tocaron. Allí tocaron. La luna bajó del cielo, se entretuvo jugando, nos dio mil besos. La maravilla. La esfera griega, la Cábala, la locura cristiana, los dados de Babilonia. La potencia, el rock puro y salvaje, la lujuria. La ambigua, y recóndita, Fortuna nos echó su cántaro por las costillas y nos hizo densos y graves, como de niño, me hizo la poesía. Así, fuerte y flojo, como se domestica a la aurora. Como niños insaciables bajo la lluvia de agosto, rotando en el horizonte para volverlo una alfombra. Como las pestañas de tu amada, si la tuviste. Allí se fundió el tiempo y fuimos por 3 horas, cercanos y lejanos, idiotas y mezquinos, torcidos o recios. Qué más da. Acurrucado en el ensueño, se me olvidó que yo casi un viejo. Y Después, la noche profunda se tragó todo aquello, y su reflejo es mi palabra con la que labro en cuneiforme lo sagrado.
Y va para ustedes, Enrique Bunbury y Juan Valdivia, y para sus compadres. ¿Qué más muestras de cariño, de sinceridad, de amor necesitáis para seguir haciendo esto, que es tan acojonante? ¿Acaso el orgullo va a poder con la tanta grandeza? Dionisos os tocó en el ala. Joder, eso no nos pasa casi nunca. A nadie. Haceros. Haceros. Enfriaros. Tenéis un tesoro. Tumbaros. Iros unos días a México. Hablar con Quezalcoalt. Con quien sea. Olvidar el mundo y sus mentiras. Y darnos, darnos otros 30 conciertos, al menos.
José María Duque López. 04576989-N
C/ Mercedes escribano nº 29, 6º C
16003 Cuenca
Y, así mismo, me gustaría saber cómo esto ha llegado tan lejos sin saberlo. Por si no lo sabéis en los periódicos hay censura previa.
Un beso a todos y a todas, que tenemos los huevos de hierro para seguir cantando esas letras mágicas al arrullo del heavy metal. Y que le den por culo al mundo de las discográficas. Yo fui a verlos a ellos. Y como yo, otros tantos. Vi hermosas muchachas, más hermosas que nunca, a la poca luz de la Romareda. Vi a los chavales peleando por la última palabra del estribillo. A gente de 30, de 40, de 15. Esto, vuelvo a repetir, no ocurre casi nunca. Por eso es tan potente. Yo he visto a los Judas Priest en el Calderón, a Metállica en Vallecas, a mi padre Ozzy y su voz de ginebra seca, no se donde. A los eisi en las Ventas. A los Ramones, for ever, cuando eran todavía cuatro. A los Eskorbuto cuando les quedaban 4 meses y seguían sin querer bajarse de su borrico, que era suyo. A los Motorhead más salvajes que no querían irse, ni a tiros, de Madrid. A los Manowar. A Jimi Page y Robert Plant, sin voz pero con millones de vatios. A los Saxon, de los que nadie se acuerda. A los Wasp corrosivos y enteros (esos días, al menos uno). A los Guns and Roses, cuando el Apetite for destruccion. A Placebo, 3 niñatos maricas que tocan que te acojonan. A los Ramstein en Móstoles, cuando Festimad, con Mother. Y daba gusto verlos.
Pero, queridos amigos, Bunbury, es ahora mismo el dios del rock. Y aunque Valdivia esté manco, es mucho Valdivia. Sin discusión. No hay un directo tan poderoso como el que hacen estos cabrones. Ni en Los Ángeles, ni en Londres, ni en Pekín. Así de claro. Por eso, esta maravilla no se puede perder. Y no os líeis con los debates de si uno gana dinero o no. Ir allí, verlos, coger a una tia y follárosla (Bunbury las pone cachondísimas (Y también a los tíos, pero eso a mí eso me da lo mismo). Y disfrutar, copón. Dejaros de líos. Y, a ver si entre todos, conseguimos doblegar la voluntad de ese ser magnífico y difícil, que se llama Enrique Bunbury; cuyos directos, por cierto, en estos diez años han sido sencillamente impresionantes.
Un saludo. Josemari
José María Duque López. 04576989-N
C/ Mercedes escribano nº 29, 6º C
16003 Cuenca