20-12-2007, 04:24 PM
No iba por aquí el meridano, ni soplaba el viento en las jarcias. El oceáno se había quedado sin peces, escaseaba el agua dulce y el vino estaba picado. En el poniente no gravitan las gaviotas de tierra firme. Solo las cervezas que pagó mi jefe me hacen dejar el barco y pasarme por esta calle larga.
PROMESAS. CUANDO SE AMA.
Cuando se ama la mirada cambia. Uno hace o deshace, tergiversa o se anima, inducido por una fuente irresistible de encanto. Habla de su amada, dispersa su sensación a los cuatro vientos, burbujea como el agua en un cazo, dice su nombre, cuenta su invento, sondea, canturrea a solas con la noche; vagabundea su melancolía con el pitillo en la mano, arrulla al desconsolado amigo, se hace como de hierro por dentro, se construye el barco donde zozobra, el mar donde boga y el viento que lo arrastra de un confín al otro confín.
Pero sobre todo: habla de su amada. La recita. La idolatra, la encierra en su baúl con siete llaves y la adorna con las más disparatadas propiedades.
Frente a la realidad, frente al mundo, frente a Dios y frente a todos los mundos que palpitan sobre la corteza terrestre, cuando uno ama es Juan Tenorio. Y recuerdo:
“....Yo a las cabañas bajé,
Yo a los palacios subí,
Yo los claustros escalé
Y en todas partes dejé
Memoria amarga de mi.”
Buen vino tuvo que tomar el Zorrilla cuando nos regaló la joya del Tenorio.
El barco se hunde, todos a la bodega.
No cojan los salvavidas, están pinchados.
Salud, josemari.
PROMESAS. CUANDO SE AMA.
Cuando se ama la mirada cambia. Uno hace o deshace, tergiversa o se anima, inducido por una fuente irresistible de encanto. Habla de su amada, dispersa su sensación a los cuatro vientos, burbujea como el agua en un cazo, dice su nombre, cuenta su invento, sondea, canturrea a solas con la noche; vagabundea su melancolía con el pitillo en la mano, arrulla al desconsolado amigo, se hace como de hierro por dentro, se construye el barco donde zozobra, el mar donde boga y el viento que lo arrastra de un confín al otro confín.
Pero sobre todo: habla de su amada. La recita. La idolatra, la encierra en su baúl con siete llaves y la adorna con las más disparatadas propiedades.
Frente a la realidad, frente al mundo, frente a Dios y frente a todos los mundos que palpitan sobre la corteza terrestre, cuando uno ama es Juan Tenorio. Y recuerdo:
“....Yo a las cabañas bajé,
Yo a los palacios subí,
Yo los claustros escalé
Y en todas partes dejé
Memoria amarga de mi.”
Buen vino tuvo que tomar el Zorrilla cuando nos regaló la joya del Tenorio.
El barco se hunde, todos a la bodega.
No cojan los salvavidas, están pinchados.
Salud, josemari.