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THE DOORS
Cuando Oliver Stone hizo la película Doors, sería por el 91, yo andaba rastreando la vida y milagros de estos héroes. Me vino como una lluvia de agosto. Era febrero. Yo era una máquina de hacer exámenes de máquinas. Me había metamorfoseado, identificado, completamente. Meditabundo, solitario, alejado del mundo, de los amigos y del cariño de la familia.
Aún siento el sosiego de aquellos motores apagados, el olor profundo del refrigerante y el metal, en el torno y en la fresadora, el frío terrible de las fundiciones, mientras el acero fundido sale a 1500ºC, la soledad de los ensayos, las durísimas noches a golpe de cigarro y café para poseer y entender esa otra magia, que llamamos tecnología. Con aquello, creo me hice más puro, y encontré un campo inmenso donde perderme cuando no me quisieran...
Fue entonces cuando percibí la pureza de los materiales, más allá de elucubraciones místicas y las perturbaciones del lenguaje. Les vi la cara de frente. Entre planos, lápices y libros de enrevesadas fórmulas. La materia domada por los seres de barro. La metalurgia como ciencia suprema. La mística del poeta se daba en forma mineral. Y tuve que cambiar de nombre, porque a partir de entonces sería ingeniero y no poeta.
Alumno de la realidad, vagabundo, descreído y puteado, ya no me asustaban las palabras. Hermes-Mercurio, fue poeta, mensajero, ingeniero, ladrón y amante de las ninfas. El dios del número 4. El que puso las señales en la cruz de los caminos para orientarnos desde donde salía el sol y por donde se ponía. Los cuatro puntos cardinales.
Y un día me dijeron: vete de aquí a tomar por culo, que ya has terminado. ¿Terminado? Ahora es cuando empieza todo.
Eso me pasa, a veces, por la cabeza cuando escucho a los Doors. Y, ahora, que navego en horas bajas, uno se acuerda de su altura. Instinto de supervivencia.
Salú. Josemari.
¡Cuánto daría porque mi tobillo estuviera bueno!
Y vosotros más. Que así no daba tanto la lata.
FEBRERO.
Yo anduve detrás de las palabras. Un día me tiré a un barranco abajo y, antes de caer me, cogieron las nubes. Venga tira parriba y sigue, cabrón. Labra tu instinto, aprende a llorar y no nos llames más.
Loco del aire, aprendí a nadar bajo el suelo. Loco del aire, perseguí cometas. Perseguí cometas que luego fueron personas. Perseguí personas que luego fueron cometas.
Y donde iba, me decían, no te pases, Josemari. No ames, no sientas, no pienses. Y tuve que acostumbrarme a no oír esas voces, a irme más lejos. Y empezar desde cero. El silencio. Volví hacia atrás. Rompí mis nervios. Olvidé el primer beso que te di en el Carrero, Susanita. Y luego te fuiste con mi amigo. Y, luego, ya no quise quererte. Ni tener amigos. Qué mundo más difícil con trece años. Dos niños abrazados.
Detrás de una borrachera, dos años más tarde, una mano dulce me llevó a otro mundo. Y mientras me llevaba, me susurraba, ven, dukito, amor mío, mi cuerpo es para ti. Mis pechos, mi pelo, mi rimel, mi fiebre, mis piernas, mi mañana, mi boca, mi noche, mis caderas, mis ojos.
Ven, dukito, ahora tu cielo, soy yo. No sueñes más, ahora te toca descansar. Enséñame tus brazos, tus manos, tu miedo, tu universo…. Deja el puto vaso, ya, cielo ¿Y la cremallera de los pantalones? ...
La primera vez que vi a una mujer. La primera vez. La primera vez que fui sincero. En febrero. A dos grados bajo cero. Aquella hierba me retiene, me vuelve hacia ti, después de haber venido de tan lejos.
Dos niños abrazados. Un corazón y otro corazón. Que bien me besas. Déjame encerrarme en tu cabello, átame a tus senos, déjame en tu espuma, yo ya no quiero nada más que de esto. ¡Ay mi dukito!
Dos niños olvidados. Tu dios es el mío. Yo ya no tengo. Pues, entonces, es solo mío.
Dos niños abrazados. El universo era aquella tarde. Cosas que pasan. Todavía sé construir cometas.
Saludos. Josemari
o sea q cuando te pasas haces poesias? o blogs?
pues yo mañana voy a contar lo q hago cuando me paso de birrias porq ahorita me voy a vacilar un rato y hecharme un par de birrias
Sí, algo así.
Yo es que llevo de birrias desde el viernes a las 2 y media.
Pero, bueno, hecho una mierda y contento.
Escribir, escribo, siempre. Tengo una habitación en mi pueblo, llena de palabras. Mi trabajo me costó. Lo hice para marcarme el punto por ellas. Pero luego después, le gustaba, y le gusta, a to dios. Mira el tamaño de estas letras. Y mira una pared. Una habitaciión tiene cuatro paredes y un techo. Y lo hice a mano. La Capilla Sixtina. Entonces tenía un par de huevos.
Salú. Josemari.
Dejando los demás asuntos de lado. Ladro, como los perros a la fría luna.
EVA.
Ven. Dame tu mano. Dame tu dulzura. Avanza un paso más y salta trampolín arriba. El baño está a 42 º C. La bañera de fundición gris espera tu cuerpo evaporando moléculas hacia el techo. Diluye tu espumosa lejanía en las entrañas del agua, desangra mi mirada por tu negra cortina, haz lo imposible para mantenerme engañado, otra vez, en esta turbia noche.
La dulzura de lo amargo. De lo dulce. De un terraplén, de una balconada hacia la llanura, hacia el horizonte estancado como la nota de una guitarra. La dulzura inmaculada que siento frente a los precipicios, en los destellos de jazmín y en las sombras de un bosque encantado.
He visitado muchos hogares que han perdido la temperatura, la luz, el sonido de las canciones. He visto como duele no tener entre los dedos la palabra precisa o la sonrisa.
Cuando hago la maleta, me llevo lo preciso. Me levanto temprano y espero que la caravana me conduzca hacia la distancia. A veces guardo un regalo, o una cinta, una espiga o un olvido. Hago la maleta y espero al paisaje en la inercia.
El día amanece. La calle se llena de ruidos, el pulso bombea su mutis entre vaho y corazones esperanzados. Sé que ya no pertenezco a un solo lugar. Lo hago inconscientemente. Lo hago sabiendo que ya nada importa, que el nuevo día dará con mis ropas en otra habitación y en otras caricias.
Lo hago inconsciente. Lo hago y deshago a mi antojo. Como tu dulzura, mi corazón también trepa a los racimos de las sensaciones.
He visto que algo de tu dulzura me persigue. Sin posibilidad de genocidio, sin cura, sin mala voluntad. El centro neurálgico de los sentidos yace en busca y captura. Salgo al mundo a probar los deseos. Esta noche ambigua donde nada habla se resiste a pasar, se opone y se hace inmóvil en mi memoria. Me pone el candado, el precio...
Te recuerdo volviendo y revolviéndolo todo patas arriba. Dulce trago. Añoranza y rubio tabaco. Modorra existencial, hueca como un muñeco de trapo. Ahora divago. Me deslizo hacia la nada, despedido del tobogán de la prisa en una canasta de flores de amaranta. Calles largas como constelaciones, donde “el hombre mide el tiempo con el vago humo del cigarro”.
Qué lindas eran las agujas del reloj en ángulo recto, cuando se quedaba tu dulzura hasta las tres de la tarde de la madrugada.
Ven, dame tu mano. El agua ya casi está fría. Estoy cansado.
FIN
PARA UNA NIÑA AUSENTE.
Por ser la última que escribes, vas a ser la última que escribo.
No sé si has oído una palabra que se llama afterpunk. No es solo una música, ni mil leyendas que pasaron. Esa palabra traducida es "la bajada del bicho", o también “la ola fría”, la bajada del ácido, y por extensión de todas las drogas. Punk era la subida, el subidón y el desparrame. El afterpunk era la bajada, a solateras, bebiendo vino en un columpio, jugando al escondite con la mente, dibujando amapolas en la arena de un escote. El vivo-muerto anda detrás de los pájaros estudiando el silencio.
De ahí vino toda la música siniestra. Afterpunk.
Su camino empieza en la meta, donde se acaban los libros y las estrellas. Más allá de Orión. De Alfa-centauro. Constelaciones que murieron hace millones de años y todavía brillan, allí arriba en el espacio. La luz viajera. La eternidad más a mano. Solo mirar sobre nuestras cabezas.
Atrás, toda la noche. Atrás, todas las luces. El viejo faro solo alumbra, lo que alumbra el cigarro. Contigo. Una partida a medias. Yo pongo el disfraz y mis manos tibias para revolver entre tu falda.
Eyacular.
La primera vez que tuve a dos niñas desnudas en mi almohada, me puse a mirar por la ventana. Y después de unos minutos, me dije, coño, pues primero una y después la otra.
Una nueva sonrisa ha llegado para deshacer mi calma. Los ojos verdes, como de río, la sonrisa fácil, el talle conocido, los pechos grandes, dos nubes para el arrullo. La veo bailar y se me lleva la sangre. Y a ella también se la lleva, parece cuando me ve, su sangre.
Qué guapo eres, duke. Tú, que me miras con esos ojos de lluvia. En serio. Yo, también en serio. Y me roza con sus piernas, y me deja oler su cabello a dos milímetros de mi boca. Y repite, encantada, en serio. Y me acerco a ella, y me acurruco. Y me meto en su boca de fresa. Vainilla. Perfume. Ginebra. Saliva. Sonrisa. ¿Por qué no vienes nunca por aquí? Porque no quiero verte. Sonrisa, saliva, ginebra, perfume, vainilla. ¿Nos hacemos un tiro? Contigo lo que quieras. Pues lo dicho, quiero un tiro.
Me da su mano y con su tacto el perfume se me adueña y hace garabatos entre la gente, hasta el servicio. La cortina se cierra. Nos atamos. Nos desatamos. Nudos y besos. Qué buena estás, corazón, y esta noche más que tengo mucho frío.
Ostias en la puerta. Ya dan la hora, le digo. No me sueltes, que tengo frío. Joder, cierra tu vestido. Estoy un poco puesta. Yo puesto entero. La droga en sus ojos, sus ojos de droga. Qué, guapo eres, duke. Ya te digo.
Dame veneno que quiero morir, dame veneno, que prefiero la muerte... Me dicen desde atrás los Chunguitos. ¿Una rumba, nos hace? Y me arrimo y veo mi cara en el reflejo de sus ojos y siento cómo bailan sus flores en mi pecho. No me sueltes, que me pierdo. No pensaba, y ahora, menos. Estoy dentro de ti. No jodas. De tu ojos. ¿Nos echamos otro?
Recuerdo: “Para nacer, he nacido”. Neruda.
Saludos. josemari.
Roma no paga a traidores.
Esta noche he nacido para verte. Ayer me quitaron las cadenas y me hicieron ciudadano romano. Mis padres y abuelos, fenicios, íberos. Razas nobles de Hispania, donde Odiseo bajó al Hades, donde yacen los dioses que poblaron la Atlántida. Menudos éramos. Del vino y del cerdo, nuestra cultura proviene. Quien se pone la toga, quien se enviste en un traje, quien no sabe dónde nace; ni sabe quien es, ni sabe de lo que se trata. Ni sabe porque miente, ni sabe porque ama.
Esta noche me descalzo y hundo mi pie en tu taberna. Te llevo persiguiendo desde que a mi abuelo lo cazaron enyesando un muro en el valle de Hebrón, y a mi abuela mauritana le quitaron el cabello cerca de Mejido. Desde que me dieron estas dos monedas, soy civilizado y creo en el dios de los romanos.
Por eso te robo tu costado y me tumbo a tu lado, romana. Por mis venas va la sangre dulce de los esclavos……………………………..
Si.
Saludos. Josemari
porq poner poemas en un post donde se deberia de hablar de las talegas, vergueras o ebriedad extrema q nos ponemos??
Yo ayer fui al rancho de mi jefe en la playa, fuimos 8 compañeros, me lleve 12 birrias de pilsener, fui el segundo en caer en combate (o sea q me fui a dormir) despues de mi jefe, lo peor de todo es q ahi habiamos 3 del equipo de mi oficina y teniamos partido a las 9 30, desde la playa a la ciudad llegamos en 30 minutos, llegamos a tiempo, pero solo ganamos 2 a 1, se noto en mi chero y en mi (q somos las piezas fundamentales del equipo ya q aquel es el goleador y yo el armador) el bajon futbolistico q nos causo la resaca de ahora.
Porque acaso, en un punto, sea todo igual y lo mismo. Y también porque estos escritos los hago, muchas veces, en estados alterados de la conciencia. Las cosas a veces evolucionan solas.
Salud.josemari
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