(Antes de nada, y escrito al final del todo, os pido disculpas por el pedazo de rollo infumable, pero éste es mi "punto débil"...se siente

)
Bueno, bueno, bueno...
Acabo de terminar de leer, justo antes de abrir el foro, Apología de Sócrates, de Platón. Es increíble el dominio de la lengua, la lavia, la eufemística, la retórica y las acrobáticas "vueltas de tortilla"...he quedado fascinada una vez más. La palabra está destinada a ser puro arte. Si confiaís en el criterio de servidora, os ofreceré mi recomendación.
Directamente de esta cuna clásica nace la vengativa fuerza de Nietzsche. Desde la primera vez que ví a qué iba ligado ese complicado nombre, me llamo muchísimo la atención. (Si bien es cierto que antes me habían enseñado ligeramente cómo había de leer filosofía.)
Ese hombre hizo que desde aquel momento entregara mi ser a la maldita filosofía. Era cómo si cada nueva combinación de palabras hubiesen sido escritas "por" y para mí. Era
algo interior,
algo que nunca supe explicar,
algo que me había arrancado innumerables lágrimas y dulces horas de sueño. Ese "algo" que tanto me estrujaba el corazón, de repende, ante mí. Cada palabra era como un puñal que calaba en lo mas hondo de mi capacidad de fascinación. De verdad, increíble.
Desde ese momento, siempre llevo una monografía de este personaje en el bolso.
Además, tengo una amiga que cree en las reencarnaciones, y dice, que está convencida de que yo, en otra vida, debí concer a Nietzsche. (No me lo creo, pero me gusta imaginarlo...jeje
Y a causa de la tal marca de éste comencé a fijarme muy detenidamente en los niños. Comencé a considerarlos como seres blancos, seres no corruptos y de algún modo, "inmorales". Y tuve la ilusión de nuevo de ponerme las "gafas de ver como un niño" y empacharme de notitas de color que salpicaban de las novelas infantiles. Lloré cuando murió la madre de David Copperfield, cuando al Príncipe Feliz no se le fundía el corazón. Me enternecí sobremanera cuando Bastian se dio cuenta de que formaba parte de su historia...Todo lo tomaba como una contínua metáfora que tallaba a mi gusto.
Y así me crucé un día con el Principito. Ese día lo recordaré toda mi vida.
Estaba ordenando y lo vi, supongo que, por un impulso, lo cogí. Y no pude soltarlo mas que para enjugarme las lágrimas (soy muy sensible con estas cosas

). Cuando lo solté os juro que miré por la ventana, a las estrellas, y durante muchos días lo hice. E incluso llegué a leerselo a una chica por teléfono.
Este también esta en el bolso.
En resumidas cuentas, leer es mi vida. Parte fundamental de mi vida.
¿Alguna vez os habéis llegado a sentir abrumados en una biblioteca? ¿Como en una mezcla de agobio, de estimulante placer, de inquietantes preguntas y de seductoras respuestas?...Es como mirar al mar.
Un Saludo pequeños Ornitorrincos.
Etaira.